Monday, September 19, 2011

EL PRINCIPIO DEL FIN

El avión salió tarde del aeropuerto, pero dijeron que no nos preocupáramos porque se darían más prisa y acabaríamos llegando a la misma hora a nuestro destino. Mi destino no era interesante, ni divertido, ni me esperaban grandes venturas a mi llegada. Todas mis aventuras ahora quedaban atrás. Era difícil hacerse a la idea de que todo, se había terminado. Parecía ayer cuando cogí el otro avión, y en cambio habían pasado ya diez meses. Y ahora, quizá fuera efecto del jet lag que estaba por venir, o tal vez era que tantas emociones en tan poco tiempo te confunden demasiado; aunque yo creo que simplemente estaba en un estado de shock que no me permitía darme cuenta de lo que sucedía a mi alrededor de forma completa. Como en un sueño de verdad. Pero aquello no era un sueño. Fuera lo que fuese, no parecía que fuera capaz de soportar tantos cambios, tantas despedidas ni el acabar de perder sus abrazos. En realidad, mi vida ya había cambiado bastante en los últimos meses, y me gustaba tal y como era ahora. Pero uno debe volver, uno debe regresa aunque no quiera, aunque una parte de mi corazón se quedara atrás, no muy segura de dónde, de junto a quién... Así es como supongo que va a ser mi vida. Si quiero vivir aquí y allí, y más allá, tengo que estar acostumbrada a decir adiós. Aunque a veces es más difícil que otras. Pensé en todas las cosas que echaría de menos, todas las cosas que un año antes ni siquiera conocía y que ahora eran una parte fundamental de quién era. Mi corazón sería americano para siempre. Aunque mi casa, mi familia, todo, estuviera en España. "España. Spain. Así me llamaban todos... Ahora ya no sería nada... ya no sería "Spain", ya no sería "the Foreign", ni "the Spaniard". Ahora sólo sería yo. Sin más. Sin que nadie me diera "high fives" por los pasillos entre clase y clase, ni me abrazarían como sólo hacen los americanos, ni me dirían cosas sucias al pasar de broma." No conseguía olvidarme de que nunca más vería a aquella gente, que nunca más caminaría por aquellos pasillos de las taquillas rojas, que nunca más sería "the foreign exchange student". Y hay que reconocer, que la mejor vida es la del estudiante extranjero de intercambio. Si no fuera porque no nos pueden pillar en una fiesta, sería completamente perfecta. Además, saber que se trata de una experiencia efímera y corta, que nunca volverá, te hace vivirla aún más intensamente. Por desgracia, cuando por fin sabía quién era, cuando por fin conocía a todo el mundo, cuando todo iba mejor, cuando acababa de darme cuenta de lo que sentía por ciertas personas, todo terminó. Y sólo me quedaba aquel vuelo, aquel viaje de casi ocho horas y los recuerdos. Sólo aquel avión donde todos me resultaban extraños y ajenos a mi mal. Si hubieran preguntado, más de la mitad del avión habría creído que yo era americana, en vez de española. Y en el fondo, tendrían razón. Lloré por todo lo que había perdido y por lo que quedaba por delante. Quizá aquel vuelo fuera incluso demasiado corto como para despedirme mentalmente de todo, de todos, de hacerme a la idea. Sí, seguro que ocho horas no eran suficiente. Me permití ese último capricho, recordar hasta que el avión tocara tierra, y después, lo dejaría todo en un rincón de mi memoria al que no volvería en mucho tiempo. Para que no doliese demasiado. Una última debilidad, una última vez viviendo el sueño, la película.
Pronto se hizo de noche y todos cerraron las ventanillas del avión, se apagaron las luces fluorescentes de los pasillos, todos sacaron sus mantas y mini almohadas y se reclinaron como pudieron en ese sitio enano, para intentar dormir. Yo ni siquiera lo intenté, sabía de sobra que no me dormiría. Jamás en un sitio público, jamás en un avión. Era la única despierta de todo el avión. Me encantan los aviones cuando están así, en silencio, con todas las luces apagadas menos la mía, en medio de un mar de penumbra, nadie habla, nadie se mueve, casi ni respirar. Es como si el mundo se parara. Y entonces, empieza lo bueno. Hurgué en mi bolso de mano gigante del que Lauren se había reído días antes. Era ridículo pensar en Lauren. Era ridículo seguir dando las gracias al vacío. Y lo encontré. Lo había puesto allí a propósito para el viaje. Sabía de antemano que me permitiría un último segundo para derramar alguna lágrima y luego nunca más. Eso es signo de debilidad; y hay que ser fuerte en la vida. Era ridículo que hubiera llorado la noche antes, como una tonta en mi habitación, sola, sin poder quitarme su imagen de la cabeza, la estúpida idea de que jamás le volvería a abrazar. Intentando con todas mis fuerzas no llamarle y pedirle que viniera a las 3 y algo de la mañana a mi casa a abrazarme una vez más. Él ni siquiera sabía lo importante que se había convertido él para mí. Aunque ni siquiera yo lo sabía hasta hacía poco. Y él no debía saberlo jamás. Ya era demasiado tarde de todas formas, ya daba igual, ya nada importaba.  Una vez que había perdido sus abrazos; a él, ya nada importaba. Esa noche, había sido la primera vez en toda mi vida que había llorado por una despedida. La primera y, de momento, la única.
Lo saqué del bolso con cuidado y lo coloqué sobre la mesita del avión que tenía abierta ante mí. Era un libro fino y delgado con el número 16 en el lomo. Tenía un mapa de carretera como dibujo de la portada y la contra portada. Mi anuario. Lo rocé con dedos temblorosos. Lo había estado pasando durante días de una persona a otra por todo el colegio, pidiendo dedicatorias a diestro y a siniestro. Y las había guardado todas, sin leerlas. Todavía no había leído ninguna. Las había reservado para ese momento. Y entonces, me dio miedo abrirlo y leerlas. Quizá no eran tan buenas como me esperaba. Quizá todas eran absurdas y sin sentimiento. Quizá me defraudarían. Pero superé mis temores e inseguridades, deseando que mi último recuerdo fuera perfecto. Y lo abrí. Había muchas firmas con sus dedicatorias. No supe cuál leer primero, la de quién quería leer antes. Así que empecé por una de las de la primera página, pequeña, torcida un poco y con letra no muy buena. Suspiré. De todos modos, gracias por las memorias. A todos.
Y comencé a leer...

No comments:

Post a Comment